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Entre el silencio y la devoción: la historia de Rafael Rocha, un hombre gay que nunca dejó de creer.

Entre el silencio y la devoción: la historia de Rafael Rocha, un hombre gay que nunca dejó de creer.
01/09/2026

Me llamo Rafael Rocha. Me identifico como un hombre gay. Tengo cincuenta y nueve años.

Infancia y familia

¿Cómo fue tu infancia?

Mi infancia fue bien bonita. Me crié con mis abuelos, porque mis papás se separaron. Los dos—mi padre y mi madre—no estuvieron juntos, y nos criaron mis abuelos maternos.

Crecí junto a mis hermanos y a mí nos dieron todo: buen colegio, nos faltó lo menos posible. Fueron personas muy presentes.

¿Eras de los que disfrutaban el colegio y la vida familiar?

 Sí. Me sentí apoyado. En mi casa había educación, disciplina y cariño, aunque con mis tiempos también hubo reglas muy estrictas.

Ser gay en la escuela (contexto de la época)

 ¿Cómo viviste tu orientación sexual cuando eras adolescente?

 En la escuela, en aquellos tiempos, uno se reprimía muchísimo. No era posible expresar que le gustaba un muchacho; se veía como algo peor que cometer un delito.

Estamos hablando del setenta. Uno se reprimía, no podía ni ver mucho a los muchachos, y yo estaba en el sesenta y siete. Entonces todo tenía que quedar guardado.

Primeros amores y primera relación

¿Cuándo comenzaste a vivir tus experiencias afectivas y sexuales?

Empecé en mi adolescencia, a los dieciséis años, ya en secundaria. El colegio en que yo estudiaba era privado. Pero ese tiempo era un poco más abierto que otros periodos.

En el ambiente del colegio se “jugaban”, se tocaban, y yo tenía un amigo, compañero de clase, muy afín conmigo. Ahí empezó todo.

Era un proceso gradual: primero amigos, luego se fue dando. Pasamos dos años—primero y segundo año—y a mediados de segundo año ya tuvimos una relación.

Fue muy bonito, muy romántico; como si fuera cuento de hadas, tipo Walt Disney, como la Cenicienta. Me marcó.

Pero él se fue fuera del país por el servicio militar, y yo también me fui a hacer mi servicio militar. Cuando él salió del país, yo me quedé aquí.

El “salir del clóset” y la relación con su familia

¿Tu familia se enteró? ¿Cómo lo viviste?

En mi casa traté de que no se dieran cuenta. Yo salí del clóset hasta que mi abuelo murió.

Mi abuelo era muy estricto; me hubiera hecho mucho daño si lo descubría antes. En cambio, mi abuela era más tolerante. Cuando ella se dio cuenta, lloró una semana, pero después me dijo: “Te acepto tal como sos”. Con ella nunca hubo castigos ni regaños.

Yo siento que mi abuelo quizá sospechaba, pero yo me destapé solamente hasta que falleció.

¿Qué edad tenías cuando murió tu abuelo?

Universidad y convivencia social

 ¿Cómo fue tu vida cuando entraste a la universidad?

En la universidad tuve mis enamorados. Solo tuve relaciones con un muchacho, pero mis compañeros sabían que yo era gay.

Yo tenía muchas amigas mujeres y también amigos varones, incluso hombres heterosexuales casados, y con varios tuve una amistad muy bonita.

En ese periodo, los maestros también me aceptaban.

¿Qué estudiabas?

 Estudié en la UNAN-Managua: Biología y Química.

¿Tuviste mucha cercanía con el ambiente?

 No tanto. Yo venía de mi casa al colegio y del colegio a la casa. En realidad, no me dejaban salir, por eso me informé poco de temas del “ambiente”.

En mi entorno solo oía hablar de mujeres como la Sebastiana (una mujer trans famosa en ese tiempo) o la Caymana—mujeres (un hombre transgén también muy reconocido a nivel nacional) con una trayectoria heroica.

Santo Domingo y su promesa de juventud

También mencionas una relación muy especial con Santo Domingo. ¿Cómo nace?

Yo hice una promesa vinculada al servicio militar.

Le prometí a Santo Domingo que, si me dejaba irme a Managua, yo le iba a bailar “la vaca”. La vaca es un baile tradicional de Santo Domingo, pero normalmente lo bailan las mujeres.

Yo fui de los primeros varones que—en cierta forma—bailó la vaca con mi vestuario, aunque era más “femenino” en la presentación: le ponía flores a mi baca y así se veía diferente.

Yo le bailo a Santo Domingo desde 1985. Yo tenía dieciocho años cuando comencé, y todavía continúo.

 ¿Qué significa Santo Domingo para ti?

Santo Domingo es un hombre especial para mí. Es mi santo protector de mis alegrías y tristezas. Lo he recorrido con devoción gran parte de mi vida.

Discriminación: la calle, los insultos y el estigma

¿Has enfrentado discriminación?

Siempre ha habido discriminación, siempre. En la calle, en el mercado, en un bar.

La gente a veces tira insultos; aunque la mayoría me respeta, siempre hay quien discrimina.

También pienso que hoy la sociedad está más abierta que antes. En los ochenta había mucho tabú. Aunque en cualquier época ha existido el estigma: “el gay por aquí”, “el tal por cual”.

Docencia y ética profesional

¿Tu trabajo como maestro tuvo dificultades por ser gay?

En ese aspecto yo tuve ética profesional. Con mis alumnos nunca tuve acercamientos indebidos.

Aunque algunas veces hubo propuestas o comentarios, yo me cuidaba mucho. En el colegio donde trabajé por quince años, yo tenía pareja—también era maestro—y eso, además, hacía el ambiente más prudente.

También existe un riesgo real: un alumno te puede mentir, chantajear o después denunciar. Por eso yo me mantuve correcto, con límites.

vivir tranquilo.

Vocación religiosa y el convento

En algún momento mencionaste un convento. ¿Qué pasó?

Yo iba a ser fraile de las Carmelita Descalzas. Hice el retiro del postulantado como parte de un proceso de formación, incluso estuve como dos años en esa etapa.

Pero a mí me pasó algo por discriminación. Supuestamente algunos “amigos” o personas con quienes tuve relación hicieron llegar malinformación al padre formador. Le dijeron que yo era gay.

Entonces el padre formador ya no quiso darme pase para continuar mis estudios religiosos.

¿Quiénes eran esas personas?

Eran personas como yo, también de la diversidad sexual, pero no quedaron seleccionadas; y al final se generó ese problema. Ellos ya murieron.

¿Cómo lo viviste?

Me sentí frustrado y dolido. Pero la vida continúa. Yo tengo fe en Dios, y digo: Dios sabe por qué hace las cosas.

Cómo explicas tu vida a quienes cuestionan

Mucha gente se pregunta: ¿cómo puede alguien ser creyente o religioso y ser de la diversidad sexual?

En mi caso particular, yo creo que Dios no le tira piedras a uno. El Señor siempre está esperando.
Uno es quien se aparta. Dios acepta a uno tal como es, porque Dios a uno lo conoce desde antes que naciera.

Por eso soy muy católico: voy a misa los domingos y los jueves. Le pido al Señor que me ayude, y que pueda morir confesado y comulgado; también le pido perdón por mis debilidades.

Una experiencia dolorosa y un mensaje final

¿Recuerdas alguna anécdota particularmente dolorosa por ser gay?

No tuve una experiencia tan negativa como la de otros compañeros gays. En secundaria y en la universidad fui muy aceptado, muy apreciado.

Sí hubo problemas en primaria: unos niños “me hicieron la vida imposible”, pero luego mejoró.

¿Qué te gustaría decirle a la generación joven?

Que disfruten lo que nosotros no pudimos disfrutar en nuestra juventud.

Si pudieras retroceder el tiempo, ¿qué harías diferente?

Me hubiera gustado tener mi pareja y vivir con él. Eso es lo que más me hubiera gustado.

Actualmente no tengo pareja. Tuve, pero no funcionó, y a mi edad ya no quiero volver a complicarme: quiero vivir tranquilo.