Del juicio a la agresión: cuando la trampa de la “moral” justifica el discurso de odio

Del juicio a la agresión: cuando la trampa de la “moral” justifica el discurso de odio
17/06/2026

¿Has escuchado hablar sobre los discursos de odio?

Discurso de odio es cualquier expresión oral o escrita, también difundida en redes sociales o mediante imágenes, que ataca, denigra o promueve la discriminación o la violencia contra personas o grupos. Esto ocurre por características como raza, etnia, nacionalidad, religión, género, orientación sexual o discapacidad.

A propósito de este tema, el 18 de junio se conmemora el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, una lucha que sigue siendo una prioridad fundamental para las Naciones Unidas. Su propósito es sensibilizar sobre la importancia del respeto a los Derechos Humanos.

En los últimos dos meses hemos visto cómo se ha viralizado un tema que afecta directamente a la población LGBTIQ+ en Nicaragua. Una periodista nicaragüense atacó a un grupo de creadores de contenido en redes sociales por el tipo de contenido y vocabulario que utilizan, pero además, el mensaje que difunde termina vulnerando a la comunidad diversa en general.

 

A partir de lo ocurrido, cientos de personas reaccionaron y promovieron la postura de la periodista, escudándose en la religión y la moral, sin respetar límites, como si los derechos de esta población no importasen.

¿Pero qué es la moral? ¿En la vida real se cumple? El concepto de moral se refiere al conjunto de normas, valores y creencias que orientan lo que una persona o una sociedad considera “correcto” o “incorrecto” en su conducta. En general, busca promover el respeto, el bienestar y la convivencia. Sin embargo, cuando la moral se usa para justificar el daño, se vuelve una excusa que contradice el respeto a los demás.

El pasado 25 de mayo, el Observatorio LGBTIQ+ de Nicaragua registró el caso del asesinato de una mujer transgénero muy reconocida y apreciada, en el municipio de Santo Domingo, departamento de Chontales. Toda la ciudad se movilizó para dar el último adiós a laReyna Mengueña”, como era conocida en su comunidad.

En redes sociales, cientos de mensajes expresaron lamento y apoyo a su familia. Este caso deja muchas interrogantes: ¿Quién era la “Reyna Mengueña”? ¿Tenía un nombre social asumido más allá de su personaje? ¿Por qué, si era tan querida, no se respetó su identidad de género? ¿La apreciaban solo por su papel cuando animaba en una fiesta patronal?, entre otras incógnitas.

Este contraste entre expresiones de cariño y, al mismo tiempo, discursos de odio difundidos en medios y redes sociales nos deja una enseñanza clara: muchas veces el odio se disfraza con palabras y acciones que terminan causando daños irreparables, como la invisibilización y negación de la identidad asumida.

En el conjunto de expresiones por la “Reyna Mengueña”, vemos reflejados dos bandos: quienes atacan con palabras disfrazadas, por ejemplo, el apoyo que mostraron a la Mengueña en defensa del personaje mas no de su persona más allá del show y los que atacan directamente, sin tapujos, incitando a la población a reproducir juicios que promueven estereotipos con mensajes como: “uno menos” o “hay que exterminarlos”, incitando a los crímenes de odio. 

Muchas veces la homofobia interiorizada se refleja en comentarios que parecen inofensivos, pero que causan un gran deterioro en la persona. Puede presentarse mediante insultos y deshumanización, usando términos para dominar a las personas, tratándolas como inferiores o no humanas. También se manifiesta con estereotipos y generalizaciones, por ejemplo: usar frases como “son así”, “no deberían…”, “siempre…”, como si la orientación sexual o identidad de género definiera a todas las personas de la misma manera.

Cuando el discurso de odio va más allá, aparecen amenazas o llamados a la violencia: frases como “hay que hacerles X”, “que les pase Y”, “mátalos”, etc. Otra forma de fomentar el discurso de odio es la negación de derechos, mediante mensajes que justifican la exclusión. Por ejemplo, impedir acceso a educación, salud, trabajo, matrimonio o protección legal.

También existe el hostigamiento en lo cotidiano: acoso callejero, burlas, doxxing (publicar datos personales) y campañas coordinadas en línea. A esto se suma la propaganda o legitimación del odio, cuando lo presentan como “defensa”, “tradición” u “orden” para hacerlo parecer aceptable. Incluso hay evasión del lenguaje explícito, se recurre a frases codificadas o insinuaciones que comunican lo mismo, como “no son normales”, “contaminan” o “deberían desaparecer”.

Todas estas formas de odio afectan a las personas LGBTIQ+ de manera directa y sostenida, a través del miedo y la autocensura, muchas personas evitan hablar, mostrar su identidad o participar en espacios públicos por temor a agresiones o humillaciones. Los hombres transgénero y las mujeres lesbianas son grupos que prefieren ocultarse en diferentes ámbitos cotidianos y evitan ser visibles por miedo al qué dirán y a ser violentados de diferentes maneras.

Cuando el odio se normaliza, puede aumentar la probabilidad de agresiones físicas, intimidación y persecución. Esto provoca estrés y daño emocional: eleva la ansiedad, puede generar depresión y una sensación constante de inseguridad, además de afectar la salud mental y el bienestar, al sentirse constantemente atacadas o invalidadas.

El Observatorio LGBTIQ+ de Nicaragua en el informe del último trimestre de este año registró un aumento del 79% de violencia psicológica y un 75 % de violencia verbal, más alto que la violencia física con un total de 47.6%, el dato abarca todo el país. 

Diversas organizaciones internacionales han advertido que la comunidad LGBTIQ+ enfrenta una situación de especial vulnerabilidad en un contexto de reducción de libertades y debilitamiento de las redes de protección social y comunitaria.

Según el estudio global más reciente sobre financiamiento de los temas LGBTIQ+, elaborado por Global Philanthropy Project, en los años 2023 y 2024, por cada 100 dólares aportados por los países donantes, solo 4 centavos se destinaron a iniciativas LGBTIQ+. En contraste, las fundaciones internacionales, de cada 100 dólares invertidos a nivel global, asignaron 33 centavos a este tipo de temas. Si bien las fundaciones invierten en temas LGBTIQ+ más de ocho veces que los gobiernos, sin embargo, también éstas disminuyeron en 6 centavos frente al período 2021-2022.

En ese mismo período, tres organizaciones internacionales abiertamente anti-LGBTIQ+ canalizaron 1.1 billones de dólares, mientras que más de 7,700 organizaciones que impulsan los derechos LGBTIQ+ recibieron 861.5 millones. Estos datos evidencian que una gran parte del trabajo desarrollado por las organizaciones pro derechos LGBTIQ+ se sostiene mediante el esfuerzo voluntario y comunitario, y que el financiamiento disponible resulta claramente insuficiente y va disminuyendo.

Esto sucede por el avance global de la agenda anti-derechos que ha colocado el financiamiento en el centro de su estrategia de ataque, con el objetivo de limitar el accionar de las organizaciones que promueven los derechos LGBTIQ+, y tomando como principal activo la promoción de los discursos de odio.               

Con el fin de sensibilizar a la sociedad en torno al respeto de los derechos humanos, la no discriminación, la convivencia, la aceptación y el respeto de la diversidad; las Naciones Unidas proponen un plan de acción sobre el tema, la estrategia plantea la importancia de la comprensión de otras culturas y religiones, junto con la promoción del diálogo intercultural e interreligioso.

El plan, dirigido a los gobiernos miembros, adopta enfoques prácticos que incluyen políticas, el uso de nuevas tecnologías y el establecimiento de alianzas innovadoras para abordar las causas profundas del discurso de odio, mitigar su impacto en las sociedades y reforzar la seguridad de comunidades y personas.

Es decir, este plan se articula en distintos ámbitos como educación, medios de comunicación, alfabetización digital, monitoreo, recopilación de datos e identificación de puntos de intervención para fortalecer la defensa de los derechos y contrarrestar las tendencias preocupantes del discurso de odio, y para expresar solidaridad y apoyo a las personas o grupos afectados.