Barreras en Nicaragua impiden desarrollo a personas sordas LGBTIQ+
25/09/2025
El 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de las Lenguas de Señas, la fecha conmemora la creación de la Federación Mundial del Sordo en 1951, organización no gubernamental que hoy por hoy ostenta el carácter de órgano consultivo de las Naciones Unidas y máxima autoridad mundial para la defensa de los derechos e intereses de las personas con disfunción auditiva. Esta efeméride se celebra en conjunto con la Semana Internacional de la persona Sorda que es la última semana de septiembre.
En Nicaragua existen datos de personas con discapacidades, el Ministerio de Salud (MINSA) lleva un registro de las personas con discapacidad en el marco del programa “Todos con Voz”, el cual informa que el número total de personas con discapacidad es de 201,055 al 2023, una cifra que aumentó desde el 2021 ya que anteriormente se registró la cantidad de 177,101.
Las cifras de personas con discapacidad auditiva en este país, según datos del MINSA corresponde a 15,941, sin embargo, estos datos no establecen cuántas de estas personas son lesbianas, gay, bisexuales, transgénero o intersexuales, ni define ningún tipo de expresión de género.
“Sin derechos de la lengua de señas, no hay derechos humanos”, es el lema para este año, la importancia de esta conmemoración es destacar que no se trata de una iniciativa aislada pues se inscribe perfectamente dentro de los planteamientos de empoderamiento femenino y eliminación de las desigualdades que se han fijado en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Todas las personas tienen desde su nacimiento un derecho inherente a los derechos humanos. Para las personas sordas, los derechos al lenguaje de señas son fundamentales para el pleno disfrute de sus derechos humanos, tal como se definen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Elisa Rivera, una mujer transgénero sordo-muda de 24 años habitante de Managua manifestó que su proceso de reconocerse como persona trans fue difícil ya que sufrió abusos físicos y verbales en las calles, no solo por tener una expresión de género diferente a la heteronorma, además por ser sorda. “Cuando yo era niño o niña fui creciendo y las personas en la calle siempre me decían feo, flaco, me tocaban, y solo le digo con la lengua de señas que no me importa, aunque siento un poco de pena me hago la fuerza para salir adelante”, afirmo Elisa.
La población nicaragüense LGBTIQ+ enfrentan altos niveles de discriminación, exclusión y negación sistemática de derechos, en una consulta que realizó el Observatorio LGBTIQ+ de Nicaragua a ocho personas con distintas discapacidades, todas expresaron haber sido discriminadas cuando menos una o dos veces en sus vidas, por vivir con una discapacidad y por su orientación sexual.
A nivel latinoamericano, México ocupa el segundo lugar en crímenes de odio contra la comunidad LGBTIQ+, pese a los avances legislativos en torno al matrimonio igualitario, la rectificación de género para las niñeces trans y las sanciones derivadas de actos discriminatorios, solo en el 2024 se registró cinco asesinatos a mujeres trans, así como múltiples casos de violencia en contra de la comunidad diversa, a ello se suma la invisibilización que existe en torno a los crímenes de odio en contra de personas con discapacidad, debido a la falta de armonización legislativa y tipificación unificada para el reconocimiento y registro de este tipo de crímenes.
Las personas consultadas por el Observatorio reconocen la urgencia de generar información desde una perspectiva interseccional, que visibilice las situaciones de discriminación que se gestan en el cruce entre la discapacidad y las identidades de género y orientaciones sexuales, y su impacto en el ejercicio de los derechos humanos a la libertad de expresión, asociación y reunión en Nicaragua.
Esta falta de información genera auto rechazo y miedo de expresar libremente su identidad de género y orientación sexual con sus pares sordas y sordos. Este temor se refuerza al sentirse ajenos y ajenas, excluidos y excluidas de los grupos LGBTIQ+ más cercanos a sus entornos por las barreras comunicativas y la percepción de que sus necesidades y demandas específicas no son respaldadas o tomadas en cuenta. En algunos casos esto los ha llevado a ocultar su orientación sexual e identidad de género para evitar enfrentarse a la posibilidad de perder las redes de apoyo conformadas al interior de la comunidad sorda.
No todas las personas LGBTIQ+ que tienen alguna discapacidad cuentan con redes de apoyo o aceptación en las familias, “en mi caso yo pedí permiso a mis padres para ser trans desde los 9 años, ellos me entendieron y dijeron que me cuide, temen que me golpeen en la calle o me hagan daño y sobre todo que no haga venta de sexo, yo me cuido”, continúa relatando la joven.
“Primeramente, soy sorda pero también tengo mi grupo de amigos gay, hacemos la separación porque el resto de gente en mi caso se burla, me dicen puta y no me respetan, con señas me dicen cochón, aunque me enojo ahí los dejo porque es mi vida y me siento una persona fuerte, pero en la familia también me hacen señas y me miran mal, pero yo los respeto, yo me siento libre”, finalizó Elisa.
La inexistencia de programas y políticas educativas accesibles en torno a la sexualidad y diversidad, ha propiciado procesos de autocensura que influyen negativamente en el ejercicio de la libertad de expresión, vulnerando también su salud mental y emocional, particularmente con las personas LGBTIQ+ con discapacidad.
Programas como campañas de sensibilización, señalizaciones para personas sordas en las vías, semáforos para personas no vidente, vías alternas para las discapacidades físicas, incluir en el pensum académico la lengua de señas como una clase en todos los colegios del país, son algunas de las necesidades de las personas con diferentes discapacidades.
Si bien es cierto que en algunas empresas se promueve la inclusión en su cartera laboral, son muy pocas que lo practican, en los super mercados, por ejemplo, se observa al menos una persona sorda trabajando en esos locales, pero no se toma en cuenta su expresión de género, por otra parte, no hay muchos organismos que promuevan el aprendizaje de lengua de señas.
El Ministerio de la Juventud (MINJUVE) desde el 2022 ha promovido el curso de capacitación gratuita para aprender el lenguaje de señas, en entrevistas al medio de comunicación 19 digital Alex Galeano, secretario general de ese ministerio dijo que el curso va dirigido a jóvenes, docentes y promotores de la cultura especialmente los que laboran en las casas culturales que abrió la Alcaldía de Managua, sin embargo, este curso está limitado únicamente a la capital. Otra limitación es que el curso no es permanente, sino que se efectúa una vez al año.
Según la Federación Mundial de Sordos, existen aproximadamente 70 millones de personas sordas en todo el mundo. Más del 80 por ciento vive en países en desarrollo y como colectivo utilizan más de 300 diferentes lenguas de señas.
La convención sobre los derechos de las personas con discapacidad reconoce y promueve el uso de las lenguas de señas. Establece que tienen el mismo estatus que las lenguas habladas y obliga a los Estados partes a que faciliten el aprendizaje de la lengua de señas y promuevan la identidad lingüística de la comunidad de las personas sordas.
El acceso temprano a la lengua de señas y a los servicios en este lenguaje, incluida una educación de calidad en esa lengua, es vital para el crecimiento y el desarrollo de las personas sordas y decisivo para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto con el fin de resaltar también la importancia de preservar las lenguas de señas como parte de la diversidad lingüística y cultural.